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Tejidos sostenibles y fibras recicladas: nuestra ropa más allá del poliéster y el algodón

Tejidos sostenibles y fibras recicladas: nuestra ropa más allá del poliéster y el algodón

fibras sostenibles

Camisetas, jerséis, pantalones, medias y sujetadores completan nuestro armario y se postulan como candidatos para ser vestidos cada mañana. Dependiendo de la meteorología, de la ocasión y hasta del humor con el que nos levantamos, hay piezas que quedan directamente descartadas en la primera fase; pasar frío o calor no es una opción y queremos aquella camiseta que tanto nos favorece y que, además, resulta ser un amuleto.

El acto de vestirnos, tan mecánico y trascendental a la vez, es una necesidad básica que a menudo se convierte en un acto político y personal, lo cual reafirma la importancia y valor que tienen las piezas que vestimos y el momento en que las elegimos. En un paradigma sostenible y responsable, la estética acompaña la ética, y en este caso, saber de qué está hecha nuestra ropa se convierte en una información a tener en cuenta.

Tal y como afirma Lucy Stiegl a ‘To die for: is fashion wearing out of the world’, prácticamente un 70% de los consumidores ignora este detalle debido al poco interés que suscitan las fibras y los tejidos que conforman la indumentaria.

Teniendo en cuenta que la industria textil es considerada una de las más contaminantes del mundo, según constata A. K. Roy Choudhury en el ensayo titulado “Environmental Impacts of the Textile Industry and its Assessment Through Life Cycle Assessment”, es importante analizar qué fibras se utilizan para manufacturar la vestimenta, plantear nuevos formatos de manufacturación más sostenibles y responsables y, finalmente, apostar por la tecnología para lograr resultados tan sorprendentes como lo que Roya Arghighi ha culminado con la manipulación de las algas: el Biogarmentry.

El alto consumo de energía y agua, así como la contaminación de ríos y mares principalmente causada por los procedimientos de tinte, colocan el proceso de manufacturación de ropa en el punto de mira.

Los datos hablan por sí solos: en un proceso de tinte tradicional, una tonelada de tejido provoca la contaminación de 200 toneladas de agua. Enric Carrera, director del Institut d’Investigació Tèxtil de la UPC, añade que un 50% de la fibra utilizada para manufacturar piezas de ropa proviene de los petroquímicos -generalmente poliéster-, la producción de los cuales provoca un aumento de las emisiones de CO2.

Por otro lado se encuentra el algodón, que supone un 30% de la producción y que en su proceso de plantación y cosecha provoca elevados niveles de contaminación del agua debido al uso intensivo de pesticidas. Con estas dos fibras se constituye el 85% de la vestimenta, dejando el 15% restante en manos de la lana o la seda, que actualmente supone un consumo muy reducido.

El principal problema lo sufren los países en los que se desarrolla este agresivo modelo de producción. Las fábricas textiles deslocalizadas en China, India, Bangladesh o Vietnam, asumen buena parte de los daños medioambientales, dejando a los países occidentales prácticamente impunes delante de esta grave situación.

Apostar por fibras compostables y de residuo cero 

El replanteamiento del modelo productivo y de manufacturación de los grandes magnates de la moda es una realidad cada vez más palpable. Según establece la Unión Europea, a partir del 2025 será obligatorio que el sector del textil funcione con un sistema de economía circular, diseñando piezas de más calidad y larga duración, y creando ciclos de materiales más seguros que no se conviertan en residuos una vez perdida su efectividad.

El uso de fibras recicladas es actualmente una de las opciones más atractivas, bajo el juicio de Enric Carrera, quien aprovecha para remarcar que “no siempre lo que es natural es lo mejor”.

El profesor sentencia que, para evaluar si una fibra es más contaminante que otra, hay que tener en cuenta el consumo energético que esta produce durante su etapa de uso (que durabilidad tiene, a cuantos lavados sobrevive sin perder calidad, si es necesario plancharla habitualmente…).

Un argumento que comparte Federica Massa Saluzzo, profesora de estrategia en EADA, quien sostiene que apostar por el uso de fibras recicladas implica “reeducar toda la cadena de suministramiento y enseñar a la sociedad que, si la manufactura es más responsable, también nosotros como consumidores hemos de ser más cuidadosos con el uso que le damos a nuestra ropa”.

Una vez más, la solución no se halla en un cambio parcial del funcionamiento productivo de la industria, sino en una remodelación basada en el sistema cultural, que, según sostiene Massa, a día de hoy continúa basándose en la ley del ‘usar y tirar’.

Por su parte, Màrius Tomàs, biotecnólogo y responsable del Departamento de Innovación y Desarrollo en FITEX, da un paso más allá y reconoce que “la reutilización de las fibras no tiene un ciclo ilimitado. Por eso es tan importante que éstas, una vez perdida su efectividad, no se conviertan en un residuo”.

El biotecnólogo constata que el uso de fibras sostenibles ha de acompañarse con una incorporación al eco-diseño: apostar por aquellos tejidos con salida en la economía circular para así completar su reutilización.

El Biogarmentry

Gracias a la investigación y a la biotecnología, actualmente se están materializando modelos de tejido completamente naturales que, no solo no impactan negativamente en el medio ambiente, sino que también lo favorecen. Uno de ellos es el Biogarmentry, producido a base de algas y explorado por un grupo de investigadores de la University of British Columbia (Canada) tutelado por Roya Aghighi.

Su mayor particularidad es que la fibra natural realiza la fotosíntesis, consiguiendo así una purificación del aire gracias a la absorción de las emisiones de dióxido de carbono. Las células vivas generan un tejido natural que “invita a reimaginar los modelos de fibras actuales y a replantear la industria de la moda, haciéndola más responsable y menos dañina para el planeta”, constata Roya.

En definitiva, el impacto medioambiental de este tipo de fibras representa un cambio abismal en el funcionamiento del sector, pues la aplicación de la biología en el diseño beneficia claramente a los seres que viven en la Tierra desplazando el uso de fibras como el poliéster o el algodón”.

Nuevos modelos de producción más sostenibles

La ambientóloga y fundadora de Back to Eco, Núria Nubiola, se muestra escéptica delante del panorama actual sobre la producción sostenible en Cataluña: “producir localmente y hacer bien las cosas en términos medioambientales es muy difícil y muy caro”.

Siguiendo con el discurso de Federica Massa o Enric Carrera, la ambientóloga también apela a un cambio en el modelo de negocio que actualmente vertebra el fast-fashion: “no engañemos al consumidor: las grandes marcas de fast-fashion nunca serán sostenibles porque su modelo productivo no es nada sostenible. Si tienen una línea ética y una que no lo es, con esto ya te lo dicen todo”.

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Por su parte, Federica Massa presenta una alternativa al modelo productivo del fast fashion, sin que sea necesario abolirlo: “si cambiamos el sentido de gran producción y gran consumo, hay una manera de hacer fast fashion sostenible: el digital fashion”.

Esta opción consiste en crear avatares muy fidedignos a la realidad que pueden vestirse con ropa de grandes diseñadores e idear una pasarela. Esto estimularía el funcionamiento virtual del fast fashion y supondría una reducción de los costes económicos y medioambientales que se generan con la manufacturación de una única colección de Prada o Valentino.

Esto también permitiría al consumidor crear su propio perfil para probarse las piezas de ropa online y, con la información a su favor, escoger si compra la pieza o no. Sistemáticamente, se reduciría el consumo inconsciente y visceral fruto de la impulsividad, puesto que analizar con antelación si la pieza favorece o no amplía el margen de decisión.

Siguiendo en esta línea, Massa remarca que para conseguir un modelo de industria virtual, hace falta un replanteamiento del modelo cultural: “la idea de base es consumir menos y esto es lo que hemos de tener muy claro. Únicamente cambiando esto tendremos un cambio real en los modelos productivos”.

Reducir la producción: la estrategia más sostenible

Las opciones de manufacturación sostenible oscilan entre el reciclaje de los tejidos y la creación de nuevas fibras completamente compostables que no se conviertan en residuos una vez finalizado su ciclo de vida. La primera alternativa es la más utilizada actualmente, según explica Federica Massa:

“Las fibras recicladas son una opción muy atractiva porque no implica un cambio total del modelo de producción sino que solo hay que hacer un cambio de proveedores. Es mucho más económico para la empresa que no una remodelación total del procedimiento de manufacturación”.

Sin embargo, Màrius Tomàs apunta que la solución no consiste únicamente en apostar por fibras recicladas. A menudo, estas acaban en la basura o incineradas y el efecto positivo que inicialmente parecían aportar acaba revirtiendo su impacto sobre el planeta y pasa a ser negativo.

El punto en el que concurren los diferentes expertos y expertas es en la necesidad de modificar, lo antes posible, el modelo de producción del fast fashion y el modelo cultural. A pesar de producir con fibras orgánicas o recicladas, el número de piezas de ready-to-wear que se manufacturan diariamente es insostenible y decanta la balanza en contra de la sostenibilidad.

La huella de carbono y la generación de residuos que producen la alta cantidad de unidades fabricadas diariamente por los grandes magnates anulan cualquier intento de hacer las cosas bien hechas.

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