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¿Es posible hacer greenwashing sin querer?

¿Es posible hacer greenwashing sin querer?

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De planeta solo tenemos uno. Y por ello es muy interesante y esperanzador ver cómo las empresas encuentran maneras conjuntas de trabajar y desarrollar productos que fomenten la sostenibilidad y la economía circular. El problema a veces es que se mira mucho la forma y poco el fondo y, sin quererlo, se cae en el greenwashing.

Un ejemplo en este sentido lo encontramos en el partenariado que desde 2017 existe entre la marca de ropa H&M y Aqua Danone, la filial BCorp del Grupo Danone en Indonesia, para minimizar la presencia de plásticos en el océano. Y es que, según un estudio de la investigadora Jenna R. Jambeck, en 2015 Indonesia contaba con 187,2 millones de toneladas de basura plástica. Casi nada.

¿Y cómo lo quieren conseguir? Pues la idea, a priori, se ve interesante y gira entorno a la iniciativa Bottle2fashion que consiste en reciclar el plástico del océano para producir ropa infantil sostenible. De esta manera, además de la mejora ambiental, se persigue sensibilizar a los niños, niñas y familias que acabarán comprando esta ropa para que se lo piensen dos veces antes de usar plástico y tirarlo donde no toca.

La primera parte del proceso es muy interesante y acertada, ya que en la recogida del plástico del mar se ha contado con distintos actores sociales del país, como ONGs y estudiantes, lo que permite una mayor sensibilización social.

Una vez recogido, éste es llevado a la unidad de reciclaje de Danone-AQUA (RBU) en el sur de Tangerang donde es clasificado, limpiado y triturado en trozos más pequeños. Finalmente, este plástico triturado se envía a las instalaciones de H&M Indonesia para convertirlo en poliéster y, posteriormente, en una colección de moda infantil. Y aquí empiezo a no verlo tan claro.

Y es que como indica la web del gigante de moda sueco, a la hora de confeccionar estas prendas –dejando de lado el coste de la mano de obra que presuponemos que es el correcto- se ha mezclado este poliéster reciclado que tanto ha costado recuperar y reconvertir en hilo, con algodón orgánico que, a su vez, también habrá costado muchísimo cultivar sin pesticidas y convertir en hilo. Y de esta manera, lo que podía parecer una idea genial para fomentar la circularidad de los productos de la firma, ha acabado siendo un pequeño desastre ambiental.

Para entender esta cuestión es necesario saber que una de las premisas del ecodiseño (y por ende de la economía circular) es no mezclar nunca en una misma prenda dos materias primas distintas (y menos si no es estrictamente necesario) puesto que cuando ésta llegue a su fin de vida, el reciclaje será muy difícil (y costoso ambientalmente) si no imposible .

En el caso de las prendas de H&M vemos como dos materiales textiles producidos con el objetivo de mejorar el planeta que por separado podrían reutilizarse varias veces, han acabado mezclados, lo que supondrá que en una segunda vida, con suerte, se conviertan en algún subproducto con su valor ambiental totalmente devaluado.

Además, si por otra parte hemos conseguido tener algodón orgánico, sería importante mantenerlo lo más puro posible (también por lo que respecta al tintado) para que, además de un posible reciclado, durante su uso ofreciera las virtudes dermatológicas que se le atribuyen por ser un producto natural y además ecológico.

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Jogger de HM x Klarna

Sabiendo todo esto, no puedo evitar que se me quede un mal sabor de boca al leer las palabras de Karina Soegarda, gerente de comunicaciones de H&M Indonesia, al presentar Cleaning Up for the future (el nombre con el que se ha bautizado la colección de ropa infantil):

“La colección de ropa para niños hecha de botellas de plástico recicladas es parte de nuestro esfuerzo por lograr medios de producción 100% reciclados y sostenibles para la marca H&M para el 2030 ”.

Estoy segura que la intención era buena, pero desafortunadamente, una mala decisión en el momento del diseño ha estropeado parte de la iniciativa.

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De esta manera, y con un espíritu totalmente constructivo, aprovecho este altavoz para animar a todos los actores involucrados en la industria de la moda (y también en cualquier otro sector) a seguir pensando, diseñando e impulsando proyectos para minimizar el impacto ambiental negativo de sus actuaciones e incluso a generar impacto positivo, pero eso sí, analizando todo el proceso de manera detallada para que no se generen incongruencias que tiren por la borda parcial o totalmente la iniciativa y acaben convirtiéndola, sin quererlo ni planearlo, en una triste acción de greenwashing.

 

*Fuente: The Jakarta Post

Sònia Flotats, Periodista especializada en tendencias sostenibles

So Good So Cute, www.sogoodsocute.com

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