Menstruar confinadas: ¿una oportunidad para practicar el sangrado libre?

Por @Freetheregla

Ahora que estamos confinadas en casa puede parecer que ha llegado el momento ideal para empezar a practicar el sangrado libre. De hecho, durante las últimas semanas sois muchas las que me habéis escrito contándome vuestras primeras experiencias, cosa que no sabéis la ilusión que me ha hecho. Así que cuando Wear it slow me propuso compartir mi experiencia personal, no lo dudé ni un segundo. Pero empecemos por lo primero, ¿que es el sangrado libre?

El sangrado libre es un modo de vivir nuestra menstruación que consiste en no usar ningún producto de recolección de la sangre menstrual. ¿Qué hacemos entonces? Aplicando una escucha activa, aprendemos a identificar el momento en que nuestro cuerpo nos pide evacuar la sangre y lo hacemos entonces en el baño. De este modo, una vez interiorizamos e integramos esta escucha en nuestro día a día, aprendemos a gestionar el sangrado menstrual de un modo muy parecido a como hemos aprendido a hacer con la orina.

Si no has escuchado nunca hablar de ello, puede  que te resulte extraño e incluso increíble saber que podemos prescindir de todos los productos que nos ha vendido la industria de la (mal) llamada higiene femenina, que además se caracteriza por promover opciones desechables de un solo uso y no demasiado respetuosas con nuestro cuerpo ni con el medio ambiente.

Por mi parte, cuando empecé a practicar el sangrado libre y se convirtió en mi modo principal de vivir mi menstruación sentí que era una experiencia revolucionaria y cambió completamente la manera que tenía de relacionarme con mi cuerpo, mi sangre y mi ciclo menstrual. De eso ya hace tres años, y constatando la poca visibilidad que tenía la práctica, empecé a compartir mi experiencia con otras mujeres y personas menstruantes en @freetheregla. 

Si te apetece empezar a probar, te dejo a continuación una serie de puntos a tener en cuenta pensados para que puedan servir de acompañamiento y de reflexión si te estás planteando empezar a cambiar tus hábitos menstruales.

En primer lugar, busca un sitio y espacio tranquilo y un momento en que estés relajada y te puedas dedicar a ti misma. Aunque el hecho de deber permanecer en casa puede ayudar a algunas a encontrar ese momento, la realidad es que nos encontramos en situaciones materiales, laborales, familiares y de cuidados muy diferentes. Por eso necesitaba que mi título expresara esa duda y que no fuera un canto al optimismo lanzado al vacío. Sí, el confinamiento puede ser un buen momento para empezar, pero no necesariamente, así que si no necesitas más cargas mentales, retos, o estímulos, espero que lo que sigue te ayude simplemente a tenerlo en cuenta para que lo pongas en práctica cuando realmente te apetezca, respetando tus ritmos. Una vez encuentres ese espacio y ese momento, permítete observar tu sangre menstrual, lo que sientes cuando la liberas, sus texturas, su color, su olor.

Coge un espejo y mírate. Piensa en cómo vives tu menstruación y en cómo te gustaría vivirla, no como un examen, sino como un momento de introspección de algo sobre lo que pocas veces nos paramos a pensar. Te recomiendo que te sientes en el baño, o que te pongas en la ducha, como estés más cómoda, de cuclillas o de pie, para observar y mirar detenidamente como es y como cae tu sangre. ¿Es un flujo abundante? ¿Cae a cueta gotas? ¿Es fina y ligera o densa y espesa?

Obsérvala atentamente, y mientras la miras pregúntate qué sientes, físicamente, en tu vagina. Empieza a relacionar las texturas y la cantidad con las sensaciones que te provocan. Al principio seguramente todo te parezca lo mismo, pero con el tiempo, se irán matizando y singularizando esas sensaciones. Este es un proceso fundamental para empezar a relacionarnos de otro modo con nuestra sangre. 

Una vez realizado este proceso de observación y reconocimiento, uno de los primeros pasos para empezar a practicar el sangrado libre es aplicar una escucha activa mientras estamos menstruando, que nos permitirán identificar el momento en que necesitamos evacuar la sangre menstrual e ir al baño entonces con suficiente antelación. Para ello, debemos saber que cuando menstruamos, no sangramos ininterrumpidamente las 24 horas del día, si no que nuestro útero expulsa intermitentemente nuestra sangre. Así que son esos momentos en los que el útero expulsa la sangre menstrual los que queremos identificar.

Puede que sientas el cosquilleo de la sangre deslizándose por las paredes de tu vagina, por ejemplo. En cada una tomará un matiz diferente y la escucha activa consiste precisamente en eso, en prestar atención y en ir familiarizándose con sensaciones de las que no éramos conscientes antes y que nos aportan información. De algún modo es como resintonizar nuestro cuerpo, o mejor dicho, conseguir poner cuerpo y consciencia en la misma sintonía. Si usabas compresa de tela quizás este paso te resulte más fácil porque de algún modo podías sentir cuando expulsabas tu sangre.

En mi caso, que pasé de la copa al sangrado libre fue descubrir todo un mundo de sensaciones que no conocía y con las que me fui familiarizando poco a poco. Con el tiempo se vuelve una rutina y no necesitamos dedicarle más esfuerzo que el que hacemos para saber que tenemos ganas de orinar.

Por otro lado, para practicar el sangrado libre, podemos también recolectar la sangre en nuestro interior, como si lleváramos la copa menstrual puesta y, una vez sintamos que hemos llenado esa copa imaginaria (y realmente la sensación que tenemos en ese momento es como un “estoy llena”), vamos al baño a expulsarla toda de golpe.

La activación del tono muscular de nuestra vagina nos permitirá practicar una pequeña retención para recolectar la sangre y en general podemos retenerla unas dos horas, aunque habrá veces, especialmente las primeras en que necesitarás ir al baño cada cinco o veinte minutos mientras te familiarizas con tu propio ritmo. También depende del día del ciclo en que te encuentres y de la cantidad de flujo que expulsas. En todo caso, es importante subrayar que esta retención no es sinónimo de apretar, no tendrías que sentir que se activa el ano por ejemplo, ni te tiene que causar ningún tipo de incomodidad.

Se trata de ser conscientes de nuestro propio cuerpo y de conocer bien nuestra vagina y los movimientos que con ella podemos hacer para que no esté ni demasiado tensa ni totalmente relajada. Si vemos que no sabemos identificar si estamos relajadas o tensas, o si nos causa algún tipo de molestia, es muy importante no autorecetarse remedios como empezar con los keggel o los huevos de obsidiana, sino ponerse en manos de una profesional, en este caso de una fisioterapeuta del suelo pélvico o fisiosexóloga. Solo una profesional nos sabrá indicar qué ejercicios realizar adecuados al estado real de nuestro tono vaginal y cómo avanzar para seguir conociéndonos y disfrutarnos. 

De este modo, aplicando esta escucha y observación de manera regular, con mucha paciencia y mucho mimo y respetando nuestros ritmos iremos apreciando cambios en nuestro modo de menstruar que nos facilitarán la práctica del sangrado libre. Si lo necesitas o si no te sientes cómoda con la idea de poder manchar, que ocurrirá en algún momento, especialmente cuando se empieza, acompáñate de compresas o salvaslips de tela (para mencionar solo algunas tienes las de Rusccus, Baubolove, Nu Shu Artesania, Divina Menstruación, etc.) o de las bragas menstruales de Cocoro. 

Antes de empezar, intenta por último librarte de todas las expectativas y hacer cada paso siguiendo las necesidades de tu propio cuerpo, sin forzarlo y guiándote sólo por lo que te hace sentir a gusto, sin querer hacerlo “perfecto” a la primera, porque no hay un modo de hacerlo bien. Puede parecer una afirmación muy vaga, pero es fundamental para no generar frustración y que no se convierta en la asignatura pendiente de la buena menstruadora.

Hemos vivido una (gran o pequeña) parte de nuestra vida menstrual sin una información fundamental (que nuestro cuerpo era capaz de gestionar el sangrado menstrual sin ayuda externa) y no podemos esperar sacar un sobresaliente a la primera en una materia que ni sabíamos que existía antes.

En definitiva, practicar el sangrado libre no es nada fácil en una sociedad que no respeta nuestros ciclos y que ha sometido al cuerpo de las mujeres al estigma, la desinformación y la presión constantes, pero empezar a hacerlo es un modo liberador y revolucionario de abrazar nuestro cuerpo y nuestra menstruación de un modo que nunca habíamos imaginado. 

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