Entrevista a Yurena González, de EcoBlog Nonoa: «En el camino de la sostenibilidad deberíamos ir paso a paso, sin conformarnos, pero sin exigirnos una perfección que no existe»

Por reporteraliteraria.com

Hace unos días os contábamos algunos detalles sobre el libro «Mejor sin plástico», de Yurena González, autora de Ecoblog Nonoa. Hoy os dejamos conocer un poco más su forma de vivir a través de sus propias palabras:

Cambiar los hábitos de consumo es un proceso progresivo que tiene impacto en el mundo pero, sobre todo, en uno mismo. En tu libro he identificado un detonante (el efecto de los plásticos en la salud) y, de ahí, hasta cambios en tu filosofía de vida (minimalismo). ¿Cómo cambia la vida cuándo transitas por un cambio de este tipo?

En mi caso cambió muchísimo. Creo que somos muchas las personas que vivimos con el sentimiento de impotencia o frustración porque somos conscientes de que debemos cambiar muchos de nuestros hábitos pero no sabemos cómo hacerlos o si realmente existe otra manera de hacer las cosas, pero cuando llega ese «clic» que te abre los ojos y comienzas a ver un mundo de posibilidades de cambios, cada paso genera un sentimiento de esperanza y valor para afrontar nuevos retos que te hacen sentir lleno y útil. De alguna manera todas las personas buscamos lo mismo, sentirnos útiles, sentir que lo que hacemos no solo nos beneficia a nosotros sino al resto del mundo y encontrar un camino que te permita esto, le da mayor sentido a nuestra vida.

Cuando afrontamos retos como el que expones en el libro (reducir el consumo en general y de plásticos en particular), lo notamos tan grande que tenemos muchas posibilidades de fracasar. En ocasiones nos da miedo el qué dirán, el no poder hacer las cosas perfectas o tememos necesitar más ¿Cómo lo podemos hacer para no asustarnos y conseguir nuestro objetivo?

El camino de la sostenibilidad está lleno de ‘novatadas’ y una de ellas es el sentimiento de querer hacer muchos cambios de golpe y desear, de la noche a la mañana, tener una casa libre de basura y un estado de conciencia medioambiental perfecto, pero la realidad es diferente. Si todo fuera tan fácil y rápido, nos perderíamos la parte más importante que es todo lo que aprendemos durante el proceso.

Primero deberíamos tener muy claro que esto no es una competición, no estamos compitiendo con nadie, ni siquiera con nosotros mismos, por eso deberíamos dejar la lupa a un lado y no exigirnos una perfección que no existe. Es verdad que no tenemos mucho tiempo pero si nos agobiamos terminaremos abandonando, por eso es importante ir paso a paso pero sin conformarnos, teniendo claro a dónde queremos llegar. Debemos tomarnos el tiempo necesario para concienciarnos y entender el problema. Tener muy claro el porqué debemos hacer cambios en nuestra manera de vivir hará que podamos ir superando más fácilmente los obstáculos, principalmente mentales, que van surgiendo por el camino. Personalmente, tardé un año en encontrar una cierta estabilidad dentro de tantos cambios y casi dos años en sentir que mi vida había encontrado un buen equilibrio.

Un hecho alentador que he extraído del libro es que el ser humano, ahora más que nunca, tiene la capacidad de cambiar el mundo. ¿Qué podemos hacer con gestos cotidianos y sencillos para notar el cambio?

Cuando comencé este camino hace tres años prácticamente no se hablaba de la problemática del plástico a nivel medioambiental. En la actualidad, creo que no hay día en el que no hablen de él, ya sea por televisión, periódicos, revistas o blogs de diferentes temáticas. Es algo que también está pasando con el veganismo o con la importancia de reducir el consumo de carne para combatir el cambio climático.

Está claro que estos movimientos han ido creciendo, que nuestros actos diarios han ido sumando y nuestras reclamaciones como consumidores han ido dando frutos. Estamos haciendo ruido y estamos consiguiendo grandes cosas. Creo que no hay un «cambio milagro» concreto sino es la suma de todos los cambios que decidimos hacer lo que realmente genera olas de cambios.

Siempre animo a las personas a empezar por el cambio que le resulte más sencillo. Si por ejemplo, para ti lo más fácil es llevar tu bolsa de tela, empieza por ahí y cuando ese cambio ya lo tengas asimilado, ve a por el siguiente. Iremos viendo que cuantos más cambios hagamos más capacidad de afrontar nuevos retos tendremos y también más motivación. Predicar con el ejemplo y animar a los demás es fundamental.

Sé que humanamente tendemos a hacer las cosas esperando algún resultado, acciones para notar el cambio tal como dices, pero este sentimiento lo único que suele traernos es frustración cuando no conseguimos lo que queremos tan rápido como quisiéramos. Quizás lleguemos a ver un cambio significativo en la manera de consumir de la sociedad actual, o quizás no lleguemos a verlo a tiempo, por eso creo que lo mejor es que hagamos las cosas porque sabemos que es lo correcto y no esperando un resultado concreto.

Todo esto que dices, ¿supone más esfuerzo económico o de tiempo?

Este estilo de vida debe ir acompañado de un cambio de hábitos importantesNosotros hemos ganado tiempo y dinero. No solo no gastamos más que antes sino que además nos alimentamos mejor y tenemos mayor calidad de vida, pero porque no hemos intentado replicar nuestro estilo de vida anterior simplemente comprando cosas más «eco»Hemos simplificado nuestra vida, hemos reducido nuestras necesidades centrándonos solo en lo esencial y hemos dejado de comprar cosas que no necesitamos. Por poner algunos ejemplos más claros, si intentamos sustituir todos los desechables de plástico que usamos actualmente por otros desechables «biodegradables», en lugar de buscar su alternativa reutilizable, nos saldrá muchísimo más caro. Si sustituimos todos los alimentos envasados en plástico por envasados en vidrio en lugar de cocinar más y comer más comida real y menos procesada, también nos saldrá mucho más caro.

Respecto al tiempo, al principio necesitamos algo más de tiempo del normal para encontrar alternativas a los desechables del día a día, lugares donde comprar que se adapten a nuestras necesidades, etc. Fue uno de los puntos que me motivó a escribir este libro, que la gente no tuviera que dedicar más tiempo del necesario en buscar alternativas e ideas que no saben ni si existen y lo encontraran en el libro, porque personalmente fue lo que más tiempo me llevó en su día.

Una vez tenemos esta parte más o menos controlada veremos como nuestra vida se simplifica muchísimo y comenzamos a tener más tiempo para lo que de verdad importa.

Si en algún momento no somos capaces de cumplir con lo que nos hemos propuesto, ¿qué hacemos?

Continuar con nuevos retos. Si nos bloqueamos en algún punto dentro de nuestro camino, lo mejor es enfocarnos en otro cambio. Siempre digo que vayamos haciendo cambios empezando por los más sencillos hasta los más complicados, no al revés, así nos será más fácil cumplir con nuestros objetivos. Pero igualmente, hay que tener claro que no estamos pasando un examen ni compitiendo con nadie tal como decíamos antes, no debemos fustigarnos si no conseguimos realizar un cambio, ya lo conseguiremos más adelante. A menudo los cambios que se nos hacen un mundo al principio, con el paso del tiempo se convierten en cambios muy sencillos de llevar a cabo.

En una entrevista que hice a Cynthia Bagué sobre su año sin comprar ropa, salió el tema de la creatividad asociada al consumismo. La idea es que nos hemos acomodado tanto que no pensamos en cómo hacer las cosas de otra manera. Y justo lo que he visto en tu libro es que esta forma de vida te ha permitido desarrollar al máximo la creatividad. ¿Cómo has notado tú este proceso?

Me sorprende muchísimo cómo hoy en día todo está diseñado para que tengamos que pensar y hacer lo menos posible, es algo en lo que antes nunca me había parado a reflexionar. Esta búsqueda de la comodidad y satisfacción inmediata creo que no solo ha anulado nuestra creatividad sino que nos está convirtiendo en una generación bastante inútil. Me pasó con la ropa, estar dos años y medio sin comprar nada hizo que mi creatividad se disparara para no aburrirme de llevar siempre lo mismo y combinar las prendas de tal manera que pareciera que siempre iba vestida diferente, pero también me pasó con la cocina, con los juguetes de mis hijos y en muchos otros ámbitos de mi vida. Finalmente descubrí, no solo que ser creativo te da más libertad e independencia, sino que además nos permite disminuir muchísimo esas necesidades que nos crean o que nos creamos nosotros mismos.

Hablando sobre los libros de Marie Kondo en un post de mi blog, una lectora me dejó este mensaje que me hizo reflexionar mucho sobre el tema:

Hola, conocí a la autora porque una amiga estaba leyendo La magia del orden. Vi medio capítulo de Netflix y no sé, me di cuenta que no es para mí. Me parece interesante la crítica al consumismo y a acumular, pero no es para cierto grupo social de mi país, que siempre tienen pocas cosas porque no tienen dinero para comprar más. Igual me pasó con un documental en Netflix sobre minimalismo, un tema que también me interesa mucho, pero contado por norteamericanos, con otra realidad completamente diferente. Para ellos es «normal» comprar de todo. Acá en mi país, para cierto grupo social, lo anormal es comprar de todo. Me recuerda al movimiento Slow, que al final termina siendo para cierta clase social alta. Por otra parte, de todas maneras, es interesante la propuesta del consumismo moderado, porque siempre uno tiende a comprar algo que no necesita.

¿Crees que este tipo de movimientos y cambios son solo problemas del primer mundo?

Personalmente creo que es un problema global y no solo de los países más avanzados a nivel económico y te explico porqué. Aunque económicamente no podamos permitirnos acumular cosas o comprar más de lo que necesitamos, hay un sentimiento que solemos tener la mayoría de personas de todo el mundo, independientemente del país o continente en el que se viva, y este es el deseo de tener más para vivir mejor.

En mi caso, el libro de Marie Kondo (el cual considero que no tiene nada que ver con la serie televisiva en la que no se refleja para nada lo que transmite la autora en el libro) o el documental The Minimalist me ayudaron a vivir con menos cosas, pero sobre todo me ayudaron a dejar de sentir la necesidad de tener más y simplificar mi vida.

Es algo que hablé en el post que escribí en mi blog sobre las ventajas y desventajas de haber estados dos años y medio sin comprar ropa, cuando respondo a la pregunta de cómo lo había conseguido, que el mayor logro no era haber estado todo ese tiempo sin comprar ropa, porque hay personas que no pueden comprarse nada durante años ya que económicamente no pueden permitírselo por lo que podríamos decir que estar más de dos años sin comprar ropa puede parecer heroico en el primer mundo, pero en realidad no lo es. El mayor logro estaba en no haber sentido durante todo ese tiempo que necesitaba más de lo que tenía, el conseguir vivir sin frustración por tener deseos que no podemos alcanzar.

He conocido diferentes culturas con diferencias económicas brutales y clases sociales muy diferentes, sin embargo, son muchísimas las personas que coinciden en esta necesidad interior de tener más para ser más felices. Para todas estas personas, sean del país que sean, sirve el minimalismo, no solo para trabajar la parte material sino también nuestro interior.

El Parlamento Europeo acaba de aprobar una batería de medidas para acabar con los plásticos de un solo uso, ¿cómo valoras esta medida y qué repercusión crees que tendrá?

Tal como indica el Parlamento Europeo, esta batería de medidas reducirá «significativamente» el impacto de la contaminación de los plásticos en el medio ambiente, pero personalmente me gustaría aclarar que estas medidas no van a reducir el impacto de la contaminación en el medio ambiente provocado por otros materiales alternativos también de usar y tirar y que todavía no sabemos ni siquiera cómo se van a gestionar.

Las medidas que se proponen son la prohibición de algunos plásticos de un solo uso, pero seguramente serán reemplazados por otros sustitutos también de un solo uso, probablemente hechos de materiales «biodegradables», una palabra muy usada a la ligera hoy en día pero que no nos dan una garantía real de un impacto menor, es un tema del que hablo en mi libro. Tampoco he visto en la propuesta la incentivación a la ciudadanía sobre la importancia de reducir el consumo de materiales de un solo uso ni la propuesta de alternativas reutilizables.

Sin embargo, tienen otras medidas que me han parecido muy interesantes y que creo que van a tener muy buenos resultados como que tendrán más responsabilidad los fabricantes de aparejos de pesca, que tendrán que asumir el coste de la recogida de redes perdidas en el mar, las cuales representan el mayor porcentaje de basura plástica marina. También la prohibición de los plásticos oxodegradables o que los fabricantes estarán obligados a incluir en el etiquetado advertencias sobre el impacto medioambiental de los cigarrillos con filtros de plástico, las tazas de plástico, las toallitas húmedas y las compresas higiénicas.

Finalmente, insisto siempre en que lo que debemos erradicar es nuestra cultura de usar y tirar en lugar de centrar nuestros esfuerzos en sustituir un problema por otro.

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