Perfeccionismo y culpabilidad: “I went vegan for love. Now I fucking hate everyone”

residuo cero

Por @earthankful. 

Creo que no me aventuro demasiado afirmando que, en virtud de todas y todos, los movimientos relacionados con el medio ambiente están de moda en nuestros días: recientemente ha habido una explosión de restaurantes vegetarianos y veganos, en breves se prohibirá la venta de bolsas de plástico, cada vez se valoran más los productos hechos en nuestros países… Es muy atractivo sumarse a ellos, además de estar ayudando al planeta con pequeñas acciones.

Desgraciadamente, algunos de estos movimientos vienen acompañados de objetivos perfeccionistas que acostumbran a ser inalcanzables (el ejemplo más claro es el movimiento “zero waste”, residuo cero). Esto puede provocar sentimientos de culpabilidad en quienes los practican. A lo mejor habéis comprado (o no comprado) algo por culpabilidad, aún sabiendo que alguna otra opción sería mejor para vosotras… El efecto se exagera cuando se trata de gente recién introducida en el mundillo: mucha gente piensa que, si no puede hacerlo al 100%, mejor ni empezarlo, por miedo o vergüenza a no hacerlo bien.

No nos engañemos: la culpa, en pequeñas dosis, es positiva, ya que puede inducir al cambio. Es decir, si mirando un documental como The True Cost o Cowspiracy sientes horror al ver cómo se produce y crees que puedes cambiar tus hábitos, ¡bienvenida sea la culpa! Sin embargo, cada persona tiene su situación (económica, familiar, de estilo de vida, de acceso a facilidades, incluso de preferencias) así que no se puede ver los movimientos como una solución única para todo el mundo. Debemos adaptarlos a nuestros hábitos, haciendo todo cuanto podamos, y no sentirnos culpables por aquello que no podamos hacer (que seguramente lleguemos a hacerlo dentro de un tiempo).

Por ejemplo, hace ya unos cuatro años, cuando era estudiante, empecé a usar la copa menstrual. En ese momento me sentí muy bien por dejar de utilizar compresas y tampones. Sin embargo, seguía utilizando protegeslips de manera puntual. Conocía las compresas de ropa, pero no me acababa de convencer la idea (y, tengo que admitirlo, las que había visto tenían colores y dibujos, y no me veía utilizándolas). Cuando descubrí la marca de menstruación sostenible I Love Cyclo lo vi muy claro y me compré sus protegeslips reutilizables, ya que en aquel momento era una inversión que me podía permitir. Lo hice a mi propio tiempo y sin sentir culpabilidad, sabiendo que hacía lo que podía en cada momento.

Lo mismo pasa con la ropa. Las cadenas de fast fashion nos han acostumbrado a la ropa bonita y muy barata. La desintoxicación es dolorosa y, sobretodo, costosa. No todo el mundo puede permitirse ropa hecha en nuestras tierras, en condiciones éticas y con tejidos orgánicos. Pero merece la pena la inversión, aunque sea de vez en cuando, y es importante recordar que calidad es mejor que cantidad (y si no, ¡siempre nos quedará la fantástica ropa de segunda mano!).

Seguro que os suena esa frase de “me hice vegana por amor al planeta y acabé odiando a todo el mundo” (“I went vegan for love. Now I fucking hate everyone”). Creo que debemos deshacernos del aura de odio y competitividad que rodea estos movimientos y aceptar que es mejor predicar con el ejemplo que intentar aleccionar o juzgar a quienes no sigan los mismos movimientos, ya que así solo se crea rechazo. Si no nos centramos en ser perfectos, podemos centrarnos en esas áreas donde podamos crear más efecto positivo, ya que la amabilidad con el planeta, con los demás y con una misma es la mejor herramienta para salvar el mundo.

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