Ropa de segunda mano: ¿orgullo o vergüenza?

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No estamos inventando nada nuevo: desde principios del s.XIX se conocen transacciones e intercambios de prendas de ropa de segunda mano, aunque de una forma mucho  menos “natural” a la que tenemos hoy en día. El Wallapop del s.XIX eran las colecciones de museos, subastas y mercados de segunda mano. Pero lo que nos acerca a la sociedad de la época, es que en prácticamente cada armario de Europa y América, había prendas de segunda mano.

Los sastres vendían prendas usadas a cambio de una parte del pago de la nueva prenda que producían, o los diseñadores de calzado, vendían sus primeras muestras antes de producir en masa el producto, algo que se ha considerado como la primera producción de productos “ready-made”. Muy cerca del ready-to-wear.

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Eso sí, si hoy en día hablamos orgullosos de la compra de una ganga que hemos encontrado en Wallapop o en una tienda Vintage, hace dos siglos no se mostraba tanto orgullo al respeto. Muchas veces, aunque eran mujeres de mediana y alta sociedad quienes vendían su propio armario, pero enviando a otras mujeres de clase inferior a hacer el intercambio. La nueva moda de la época marcaba el principio de las tendencias, y para poder permitirse un modelo de Chanel o Poiret, tenían que vender la ropa que habían llevado hasta entonces. Pero también la ropa de los diseñadores empezó a circular pronto: pues si eras vista con un modelo antiguo significaría que no podías permitirte el nuevo.

El status por encima de todo: pero qué absurdo si lo hacíais todas a la vez, chicas. Aunque en el s.XX el hecho de vestir ropa de segunda mano ha pasado a ser de una vergüenza a algo de lo que sentirse orgullosa, por su valor vintage y único a un precio especial. Pero aun hay muchos intercambios que se hacen de forma privada a día de hoy, ¿será que sigue en pie la diferencia de clases?

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