Celulitis: cómo prevenirla

Por Mercè Montané i Gil, graduada en Naturopatia y Terapeuta Floral. Fundadora de www.naturalmentsalut.cat.

La celulitis o piel de naranja es una afectación bastante común en las mujeres, la cual, en época estival puede suponer una auténtica pesadilla para muchas de ellas. Se caracteriza por la acumulación de tejido graso subcutáneo que ejerce una presión sobre los vasos sanguíneos, provocando retención de líquidos y una pérdida progresiva de elasticidad de la piel. Se localiza sobre todo en muslos, glúteos y abdomen y afecta mayoritariamente el género femenino.

Si bien el origen de la celulitis es multifactorial, algunos desajustes hormonales y la mala circulación tienen una estrecha relación con su aparición. Las hormonas femeninas, particularmente los estrógenos, contribuyen a la formación de la celulitis, y a menudo la pubertad, el embarazo, la lactancia, la menstruación y los tratamientos con estrógenos son elementos desencadenantes de celulitis. También el estrés juega su papel, así el cortisol u hormona del estrés, favorece los depósitos de grasa, además de actuar negativamente sobre el colágeno de los tejidos.

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Si hablamos de factores externos que condicionan la aparición de celulitis, al frente encontramos una alimentación desequilibrada, basada en dietas demasiado ricas en grasas y carbohidratos que conllevan un almacenamiento de grasa. También, un balance hídrico incorrecto que viene determinado por el exceso de sal en la dieta y una baja ingesta de agua. La falta de ejercicio físico, el sedentarismo o pasar la mayor parte del día de pie son otros condicionantes.

El primer paso para la prevención y tratamiento de la celulitis es mantener un estilo de vida saludable basado en una alimentación adecuada y actividad física regular. En cuanto a la alimentación, las reglas de oro se fundamentan en tomar a diario 5 raciones de fruta-verdura, incluir cereales integrales en cada comida y aumentar las proteínas de origen vegetal como las legumbres y frutos secos; también en reducir la carne roja, y el exceso de azúcar y sal presentes en alimentos elaborados de forma industrial, además de beber diariamente alrededor de 2 litros de agua baja en sodio.

El segundo paso es mejorar la circulación sanguínea y linfática. En este sentido, el drenaje linfático manual se ha demostrado como una terapia útil en la mejora de la circulación, y además, pule el aspecto de la piel. Paralelamente, contamos con oligoelementos, vitaminas y extractos de plantas que se elegirán según cada caso. Por citar algunos ejemplos, hablaríamos de los citroflavonoides del limón con actividad venotónica que ayudan a disminuir la permeabilidad capilar, o del ginkgo biloba que aumenta la resistencia capilar. Por su parte, la centella asiática favorece el proceso reparador de los tejidos, mientras que las enzimas proteolíticas como la bromelaína de la piña, deshacen las redes de fibrina y permiten el drenaje de los tejidos y la reabsorción de los edemas.

Además del ejercicio físico diario, especialmente el que hace trabajar las piernas, son útiles los masajes con cremas y aceites esenciales de romero, geranio o limón que movilizan la grasa y activan la circulación. Igualmente, es una buena costumbre terminar la ducha diaria con agua fría, así como seguir un tratamiento detoxificante un par de veces al año.

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Mercè Montané i Gil

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